sábado, 21 de mayo de 2011

Pero... ¿dónde está la cebra?

La imagen de la Puerta del Sol de Madrid, tomada por miles de personas a mediados del mes de Mayo de 2011, coincidiendo con elecciones en municipios y comunidades autónomas de casi toda España, no es una imagen nueva.

 En realidad, la imagen ha sido obtenida muchas veces por cámaras dedicadas a la observación de la naturaleza. 

Un animal, generalmente de aspecto tranquilo y pacífico, es asediado por un grupo de depredadores. 




En la última escena son ya los carroñeros los que están dando cuenta de los últimos despojos

De anónimo autor, la idea de la convocatoria se muestra pura y natural: desactivar los actuales componentes del sistema democrático español, supuestamente agotado y/o corrompido, por un nuevo sistema  y/o nuevos componentes.

Suponiendo que la idea no haya nacido en un laboratorio social (o lo que es lo mismo, en alguna letrina), el anónimo autor queda en el centro de la estampida social de la Puerta del Sol, como la hermosa y confiada cebra en el páramo africano.
El olor a carne fresca (en éste caso a ideas frescas) atrae a los depredadores. Los consumidores de masas aparecen por doquier, rodeando y olisqueando a la presa: políticos y medios de comunicación tratan de hacerse con el apetitoso  manjar. ¡¡Nada más y nada menos que una idea fresca!!

Solo después que los servicios de limpieza devuelvan a la plaza su habitual imagen, cuando el ciudadano se haya quedado a solas con la duda de si su voto fue el adecuado, la cebra ya no será visible.
La vida salvaje es lo que tiene.

sábado, 14 de mayo de 2011

♫♪♬♭ Ya están aquiiií ♫♪♬♭

Como lo lee. 
Ya están aquí.
Han llegado con sus uniformes, sus liturgias y... sus necesidades. 
Los distantes, encorbatados. Los cercanos, arreglados pero informales; sin corbata, como manda la liturgia mitinera dominical, como toque de autenticidad obrera y sincera entrega.
En los buzones no dejan programa alguno. Ni siquiera un modesto panfletillo con algún esbozo de propósito. Tan solo una especie de micro-misiva llena de tópicos y acompañada de una estampita del beato al que debemos venerar. Algunos suelen dejar una lista interminable de nombres de personas de las que no sabemos absolutamente nada, de perfectos desconocidos,  pero a las que se supone que hemos de entregar nuestra confianza para que nos gestionen los bolsillos, la salud y lo "que sea menester".
La mayoría de las misivas están redactadas con dificultades de compresión del género gramatical, pero sólo en el principio, luego ya redactan como si supieran, incluida la paternal misiva del más veterano de los opositores, don Mariano, que sin ser candidato a beato en las próximas ceremonias, no puede evitar ser -una vez más- el muerto en el entierro. Todo un ejemplo de masoquismo.

El tono del tuteo desenfadado y de buen rollete es genérico, siendo quizá los de UPyD los que más se aproximan a la normalidad en el estilo, a la corrección en la expresión, y los únicos (junto con los del PP en Madrid) que han superado lo del género gramatical.










Si hubiese que premiar la austeridad y la ironía, el galardón sería sin duda para Izquierda Unida: son los más escuetos en su notita (un tercio de la extensión de las misivas del resto), pese a anteponerle el eslogan "Sobran motivos". ¿?.


Y el premio a la sinceridad sería para el candidato a alcalde de Madrid del PSOE. En su cartita nos recuerda que el día 22 los madrileños darán la patente de corso al bucanero más majete, y aclara: 
"Vuestra decisión ese día es muy importante ya que marcará nuestro futuro..."
Realmente sincero.











Son como los osos: antes de hibernar precisan proveerse aquello que les sustente durante su periodo de holgazanería. Pero estos en lugar de hibernar en una cueva lo hacen en un coche oficial, y en lugar de miel y galletas se llevan a su osera la confianza de los inocentes.

Confiemos en que el día 22 obtengan aquello que se merecen. En su mano está... ¡y nunca mejor dicho!.

viernes, 4 de marzo de 2011

Los "joyeros" anti-crisis

En algunas regiones de España, en las que la pronunciación de la h suena -en ocasiones- como j, suele hacerse broma llamando joyero al hoyero, (nombre gracioso para quien hace hoyos).

La situación de economía en que nos mueven en estos tiempos los poderes políticos y económicos, unida por un lado al deseo irrefrenable de la clase dirigente de no tocar el narcotráfico ni la prostitución para obtener sustanciosos impuestos, y por otro a la extrema avaricia que posee esa llamada clase dirigente,  y su firme decisión de sumir al gasto público en el más profundo de los abismos, están poniendo a prueba la capacidad express de los asesores para alumbrar ideas ingeniosas en el recorte del gasto... del ciudadano, of course.

Una de las ideas express surgida recientemente de las fértiles mentes de los asesores, ha sido la de limitar la velocidad en autopistas y autovías de 120 km/h a 110.

Al pueblo soberano, se le ha contado que la "operación" de maquillaje de la señalización, importaría unos 250,000€ para cambiar unas 6000 señales. Una simple  cuenta "de la vieja" nos permite desvelar que el cambio por señal, se pone en unos 40€, lo que permite aseverar que lo contado es... un cuento. Incluso el empresario autónomo más voluntarioso, a la hora de calcular el importe de 2 operarios que han de trabajar un domingo por la noche (el gobierno pretende hacer el cambio de las 6000 señales en la noche del 6 al 7 de Marzo), más la señalización de la zona de obra, mas material de acceso (escaleras o grúa), más vehículo para desplazarse al lugar, más combustible, mas -por supuesto- el adhesivo coprrespondiente, es poco probable que pudiera ofertarlo por 40€ de coste por señal. Quizá al gobierno le ha dado un cierto pudor reconocer que "la idea" cuesta, en realidad, muuuchos bastantes euros mas.

No obstante, y una vez solventado el tema de escamotear al ciudadano-chinche-incordiante el coste real del cambio, queda la bondad de la idea. Un rápido vistazo nos permite comprobar que la mayor parte del carburante de automoción gastado en nuestro país, no se gasta en vías despejadas circulando a 110 constantes (o por debajo), sino en vías congestionadas en ciudades y periferias urbanas, con lo cual "la idea" resulta mas sorprendente.

Nos queda, pues, y ante la duda de la bondad de "la idea" para estos tiempos de economía compleja, considerar otras opciones. Y dado que está de moda el concepto sostenible, nada parece más indicado que buscar una solución sostenible, como -por ejemplo- la solución que pueden dar los hoyeros:

Unas vías (autovías, autopistas, carreteras... el nombre que se quiera dar a la vía) llenas de hoyos, sería la solución perfecta. Los resultados económicos son inmejorables:
  • Contratación de "joyeros" para hacer los "joyos".
  • Ahorro por no existir necesidad de modificar las señales de velocidad.
  • La velocidad se bajaría -dependiendo del tamaño de los hoyos- hasta los 10 o 6  km/h (o incluso a la no circulación).
  • Puestos de trabajo para talleres mecánicos y de chapa/pintura.
  • Puestos de trabajo en ortopedias, fisioterapia y enfermería.
  • Puestos de trabajo en servicios funerarios.
  • Ahorro en el caso de que los fallecidos sean pensionistas.












Las ventajas del sistema, son patentes.

Esto, tiene todo el aspecto de ser una broma. Pero hay un argumento para dejar a consideración del lector, para saber si considera que la broma es la solución del "joyero", o si la broma es lo siguiente:

El plan de ahorro energético ideado por el gobierno de España, y que ha entrado en vigor hoy, 4 de Marzo de 2011, que incluye la medida de los 110 km/h y otras, prevé el ahorro de unos 2,500 millones de euros anuales.

Un análisis reciente, considera que en España se mueven bastante más de 10 millones de euros diarios en prostitución. Si al negocio de la prostitución se le aplicara el 18% de IVA vigente en España, Hacienda recaudaría 1,800.000€ DIARIOS de esta "industria".

¿Conoce usted la razón por la que los sucesivos gobiernos de España prefieren exprimir a los trabajadores convencionales, empresarios convencionales, pensionistas, jubilados o funcionarios, antes que exigir a quienes se enriquecen con la prostitución, pagar impuestos?.

¿Es que no se le ha ocurrido a ninguno de los "asesores"?

lunes, 8 de noviembre de 2010

La reforma mental

La liturgia del clima...

Un gobierno occidental que se precie, dispone de un ministerio cuyo nombre evoque la preocupación de tal gobierno por el medio ambiente.



La moderna Iglesia de la Climatología abarca una amplia variedad de fieles, desde su Sumo Pontífice “Al” Gore (no sé de que me suena éso de Al) que no predica si previamente no le abonan una limosna en euros de -al menos- 5 ceros, al pobre demente que sufre de ansiedad porque no sabe en qué contenedor ha de colocar el papel aluminio, pasando por los millones de amas de casa que se ufanan de haber aprendido el Catecismo del Reciclaje, y se muestran fervorosas histéricas de “su cometido” en éste planeta.


Pero como en tantos otros órdenes de la vida, las incongruencias y contradicciones están patentes en ésa franquicia de manipuladores sociales que, bajo la marca blanca “gobierno”, predican un evangelio mientras practican otro.


Con un mínimo esfuerzo por nuestra parte, podemos comprobar que en las grandes ciudades, y especialmente en las de occidente, la contaminación atmosférica adquiere niveles alarmantes. Esa saturación de sustancias nocivas en el aire es debida, en buena parte, a la circulación de vehículos a motor, y durante los meses de frío, también a sistemas de calefacción, bien entendido que la saturación se produce por la masificación, por la alta concentración de elementos contaminadores en territorios muy limitados. Pero... ¿acaso podría hacerse algo por evitar ésta situación?.  Por ejemplo: ¿es adecuado mantener, pasada la primera década del siglo XXI, un modelo fabril de hace 100 años en la actividad laboral?

Una de las principales incongruencias es llamar al mundo en el que vivimos , "sociedad de la información"; o salibar de auto complacencia por afirmar que se vive en la era de la grandes tecnologías y hacer acudir a los trabajadores a un mismo centro de producción, siguiendo el mismo método fabril de hace un siglo, en una época en que ha disminuido drásticamente tanto el número de fábricas como el de trabajadores en ellas. Un elevado número de trabajadores podría realizar su trabajo sin necesidad de desplazamientos si, pero, ¿interesa?. Últimamente se está forzando a los países de economías mas volátiles a llevar a cabo una reforma laboral, pero ¿se contemplan éstos aspectos prácticos?.

Centrando el comentario en España, la mayoría de la fuerza laboral está compuesta por el sector de los servicios, y tradicionalmente los gobiernos españoles muestran escaso o nulo interés por el desarrollo científico e industrial,  e irrelevante en cuanto a formación laboral, lo que deja en escena un país marginal como productor.  En consecuencia la inmensa mayoría de los trabajos son de baja cualificación y necesariamente presenciales, como muestra el hecho de que las únicas propuestas de reforma laboral no son más que variaciones sobre la manera de obtener un despido más barato para el empresario. No obstante, España cuenta con una descomunal masa funcionarial en sus múltiples capas administrativas oficiales, que se extienden, por simpatía, a los entes para-oficiales, con una cifra estimada de algo más de 3 millones de personas.

Por otro lado, la tendencia en un futuro inmediato (a nivel mundial) es que aproximadamente el 70% de la población viva agrupada en grandes urbes, al tiempo que los sistemas de comunicación y transporte aumentan sus capacidades y velocidades, paradoja de compleja comprensión.
Volviendo a España, es enorme el porcentaje de domicilios equipados con banda ancha para acceso a redes de datos, paralelo al equipamiento de ordenadores personales, así como el interés de los usuarios en disponer de ordenadores y conexiones cada vez más potentes, aunque curiosamente su interés no vaya más allá de los aspectos lúdicos (juegos, audio y video) conforme a la generalizada ignorancia de otros usos.


Dadas las premisas anteriores, cabe preguntarse la razón por la que en España apenas exista el tele-trabajo. La mayor parte de los funcionarios y asimilados podrían ejercer su trabajo desde casa, y en el sector privado, la mayoría del personal administrativo también. Idealmente la situación cambiaría a menos vehículos concurriendo en tiempo/espacio, menor gasto en pagar suelo de oficinas y una importante reducción del gasto energético. Aparentemente, favorable a los evangelios de la Iglesia de la Cimatología, ¿no?.
Además, la vida familiar y social de los trabajadores saldría reforzada al poder disponer de mayor tiempo y dinero.

Veamos algunos puntos de vista de los detractores del tele-trabajo:
  • La falta de control físico sobre el trabajador debilita su rendimiento.
  • Temor a que el trabajador se relaje y dedique menos horas a la empresa.
  • Un elevado número de personas precisa del entorno laboral para mantener o mejorar su autoestima personal.
  • Bajaría la venta de vehículos, su mantenimiento y los repuestos.
  • La reducción del gasto energético provocaría descenso de ingresos de empresas energéticas (eléctricas, gas y combustibles líquidos).
  • Reducción del precio del suelo de oficinas al bajar la demanda.
  • Reducción de la demanda de palacetes privados en alquiler (a precios astronómicos), para mantenerlos como sedes de administraciones públicas.
  • Reducción de negocios basados en la construcción de recintos dedicados a oficinas.
  • Pone en evidencia a vagos e incompetentes que no se podrían amparar en la masa.

Aunque la relación de razones entusiastas y detractoras es somera, de lo que poca duda puede quedar es que si el trabajo fuera racionalizado a la situación del siglo XXI, disminuirían drásticamente tanto los problemas de contaminación urbana, como los beneficios de empresas energéticas y el enriquecimiento de oportunistas en negocios satélites.
Es comprensible que las "reformas laborales" sean lo que son.

martes, 5 de octubre de 2010

¿Quiere usted arder en la hoguera?

Ortega y Gasset escribió “Cuando el hombre cree en algo, cuando algo le es incuestionable realidad, se hace religioso de ello”.


Y la fe, asociada inevitablemente al concepto religión, puede definirse como Creencia en algo sin necesidad de que haya sido confirmado por la experiencia o la razón, o demostrado por la ciencia o Confianza en el éxito de algo o de alguien.

Ambos conceptos -religión y fe- forman parte, unidos, de la actividad humana.
Quizá por cercanía social, los mecanismos de la Iglesia Católica y de los políticos contemporáneos en Occidente,  nos resultan curiosamente similares.


En el pasado la Iglesia Católica anunciaba la existencia de los demonios y nos prevenía de la amenaza que representaba para todos nosotros.  Simultáneamente, la Iglesia Católica se ofrecía como el único y eficaz remedio contra la amenaza. “Los demonios” era algo intangible, invisible y desconocido, es decir, el componente básico para crear el miedo. Al tratarse de algo cuya existencia se debía exclusivamente a la fe, el miedo dependía de ésa fe. Si no existía fe, y alguien pretendía someter a la razón el concepto “demonio”, el miedo corría peligro de desaparecer, y sin miedo no habría sumisión. La Iglesia Católica lo sabía y no podía permitirlo, porque aquello que se oponía al dogma ortodoxo era una herejía, y decidió suprimir las herejías, utilizando lo que hasta entonces era conocido como el mejor remedio contra los herejes: la inquisición.
La inquisición no tenía por objetivo único la supresión del hereje, sino, y sobre todo, la ejemplaridad para amedrentar a posibles futuros herejes.

Las labores inquisitoriales resultaban  -y resultan- altamente productivas si previamente se había conseguido generar tensiones persistentes entre los ignorantes, lo cual, como es obvio, resultaba sencillo mediante aliados como el binomio brujería-fuego. Los niveles de sumisión, y el número de delatores, crecían acorde al número de herejes asados en hogueras, unido al riesgo de ser acusado, sin defensa alguna, de brujería.



¿Y en la actualidad?

En la actualidad los hombres siguen creyendo en realidades que les son incuestionables, en cosas no tamizadas en el filtro de la razón, y confiando en el éxito de empresas y personas que son auténticos desconocidos. Dicho de otra forma: los hombres continúan haciendo uso de las actividades humanas de la religión y la fe.
Pero ésas actividades ya no están vinculadas en exclusiva a la Iglesia Católica. Ahora están también vinculadas a otro ente que se alimenta de las mismas actividades, y que ejercita los mismos métodos que sus predecesoras: la democracia.

Del mismo modo que antaño las iglesias sobresalían en las ciudades por encima de las casas, y ahora o la iglesia es más baja o ni siquiera existe, llegará el tiempo en que la democracia desparezca. Y no desaparecerá por agentes ajenos al sistema, sino que los mismos que la ensalzan hoy, serán quienes ejerzan de evangelistas de la "buena nueva" que dará al traste con un método político que ya evidencia signos de agotamiento, porque la inevitable tendencia bipartidista  cada vez más equilibrada y la igualmente cada vez más escasa participación, han invertido y pervertido el concepto de democracia llegando a una realidad donde la minoría se impone a la mayoría.  Sucederá igual que con cualquiera otra de las recomendaciones sociales: de repente lo que se anunciaba como beneficioso resultará perjudicial.
Los creyentes de la democracia tienen muchos puntos en común con los creyentes  eclesiales: no admiten que sea cuestionada la realidad que perciben de aquello en lo que creen, su creencia excluye en buena parte el uso de la razón, y suelen demostrar una confianza inagotable tanto en personas como en las ideas de otros.
Existe un termómetro que permite medir la temperatura, o la intensidad de la fe de los modernos creyentes, y se llama encuesta. En las encuestas sobre candidatos políticos, los porcentajes de "no sabe" o "no contesta" suelen ser extremadamente reducidos, lo que crea la falsa apariencia de que el encuestado dispone, en general, de información de nivel medio-alto que le permite valorar , con conocimiento, la candidatura encuestada. Pero la realidad es otra muy diferente.
En la actualidad es común que en vísperas de comicios electorales en grandes áreas de población, uno encuentre en su buzón una lista con el anagrama de un partido político seguido de una serie de nombres de personas, sin ninguna otra información complementaria. Ni un simple resumen del programa electoral. 
Aproximadamente en un 97% de los casos, el 90% de los nombres resultan desconocidos para el creyente, y en un 99'9% (el 0,01% queda para familiares y amigos íntimos) el creyente desconoce absolutamente todo sobre el nombre que aparece en la lista. Sin embargo, cuando el creyente es encuestado para opinar sobre la eficiencia, o la moralidad, o la honradez, o la capacidad, o la determinación del candidato, raramente se queda en el hueco de "no sabe" o "no contesta": el creyente ejerce de religioso, y contesta con algo de lo que está convencido, y que no se cuestiona; es decir: realiza un acto de fe.

Por tanto, mientras el termómetro marque valores bajos para "no sabe" - "no contesta" la salud de la fe de los creyentes será excelente. No obstante será preciso estar pendiente del aspecto más definitivo: el número de creyentes que participen en las ceremonias , y muy especialmente en la liturgia de las elecciones. La asistencia de creyentes a las ceremonias,  es un indicador de la fortaleza de una religión.
Es habitual que las religiones opten por hacer comprender a sus fieles que quienes no están con ella, están contra ella. Al menos ésa es la línea de conducta para señalar a los herejes; a aquellos que tienden a apartarse del método. 
Curiosamente, los herejes de la democracia son calificados como fascistas, anarquistas, etc.  lo que en términos religiosos equivale a impuro y conlleva que nadie quiera convertirse en candidato a la hoguera. Es decir: es la propia democracia la que excluye a los disidentes del método, dejando sin opción al hereje, lo estigmatiza y lo aísla.
Y pese a ello, habremos de ver -no tardando- la afloración espontánea y masiva de profetas y apóstoles anunciándonos la "buena nueva" de una nueva religión, con sus "nuevos" líderes. Queda por poner un nombre, pero tampoco éso es un problema. ¿Monarquía global? ¿República planetaria?. Es igual. Se llame como se llame, sus nuevos fieles y adeptos volverán a contarse por millones... y a denostar a los herejes.
 A fin de cuentas, a nadie le apetece arder en una hoguera, que le tilden de fascista, ni que se lo lleve El Coco ni Bin Laden.

Todo es cuestión de religión y fe.





sábado, 14 de agosto de 2010

Sociedad de la ignorancia

Los términos y expresiones grandilocuentes suelen utilizarse a modo de sustitutos de la razón. Decir -por ejemplo- sociedad de la información produce en seres ignorantes la sensación de algo magnífico, a lo que -cuanto antes mejor- desean "pertenecer".
En el mundo real, y dejando los tópicos sociales a un lado, el siglo XXI ha cursado su primera década en la misma línea en que se abandonó el siglo pasado: produciendo un efecto inverso al -quizá- deseable. Si bien el aumento de los sistemas de comunicación y de sus contenidos, es sinónimo de aumento de información, la realidad es que desde el punto de vista personal, la información útil disponible ha quedado reducida a la mínima expresión. La avalancha de información es tal, que convierte en prácticamente imposible la tarea de asimilación.
Existen incluso opiniones de que los sistemas educativos actuales también cooperan en ésa especie de resistencia a memorizar datos, facilitando así la reducción del conocimiento disponible. Tener la certeza de que la información está siempre disponible y al alcance de un botón, facilita la disminución del interés en almacenar la información en nuestro cerebro. Sin embargo, si fuéramos capaces de imaginar un mundo sin voltios, podríamos constatar la realidad de nuestra pobreza de conocimientos personales.
Un lenguaje pobre contribuye al aislamiento social, y si se le añade  la dificultad que se observa en la actualidad para comprender expresiones simples, el aislamiento individual resulta notoriamente progresivo. Lo curioso es que tal situación se da en un momento en que los popes sociales promueven con harta insistencia el "trabajo en equipo", con detrimento -cuando no colaboración- para eliminar los valores individuales, al igual que eliminan con disciplina marcial, la iniciativa y la motivación personal. Un persona incomunicada y anulada como individuo es lo más próximo al ideal del taylorismo.

El mayor porcentaje de la información que nos llega hoy en día, es una información de baja calidad, destinada a consumidores de perfil bajo o muy bajo, con una tasa de latencia mínima pero un alto nivel de refresco, lo que convierte en prácticamente imposible un almacenamiento útil.

Por poner ejemplos prácticos, la información sobre amenazas es de tan baja calidad que sólo somos capaces de mantener en memoria la más actualizada, relegando las otras al olvido. Algunas son amenazas de un sólo uso, mientras que otras son reutilizables: "vaca loca" o "gripe A" pertenecen al primer grupo, mientras que "terrorismo", "inmigración ilegal", "cambio climático" o "paro laboral" son amenazas reutilizables y reubicables, dependiendo de una sencilla encuesta, el orden en que los ciudadanos manifiesten ubicarlas según "su propia" percepción. Pero la información de que disponemos sobre "vacas" (locas o no) es tan escasa y de baja o nula calidad como la que tenemos sobre "terrorismo". o cualquier otro tópico inducido. Lo único que sabemos es aquello que nos enseñaron de pequeños: que El Coco -bajo el nombre que sea- existe, y si no somos obedientes, nos llevará.

O el Tío Saín, que en éstas cosas...  ¡¡nunca se sabe!!.



sábado, 10 de julio de 2010

Exterminio

A alguien que quiera mandar sobre los demás, siempre le supondrá un problema la resistencia que los demás opongan para ser mandados.

Cuando los disidentes son pocos, el estorbo puede resolverse con relativa facilidad, pero cuando son miles, la solución se torna más compleja.

En el pasado reciente, y en el área que podría ser denominada como Occidente, se probaron métodos masivos de eliminación física de la gente que estorbaba al gobernante, y se comprobó que resultaba algo muy complejo pero que, sobretodo, creaba muchos enemigos.


Fue preciso establecer puntos de eliminación, y resultó muy difícil reunir a los molestos y transportarlos hasta ésos puntos.

Se hizo preciso recurrir a mentiras para que entrasen voluntariamente en las cámaras donde iban a ser gaseados.












Generalmente era necesario emplear mitad violencia, mitad engaño hasta que se conseguía colocar a todos en el punto de eliminación, y luego había que llevar a cabo procedimientos muy costosos para acabar con la vida de los disidentes y hacer desparecer sus restos.






Aunque en las tareas de exterminio resultaba relativamente sencillo contar con cooperantes voluntarios entre los propios disidentes, pudieron constatar que deshacerse de tantos miles de cuerpos era un grave problema.

Otro problema añadido era que el disidente muerto no resultaba utilizable.








Varios años después, hacia Mayo de 1968, estalló en toda Europa un movimiento imparable. Obreros y estudiantes se unieron exigiendo al Sistema imaginación.
Los métodos empleados hasta entonces por los dirigentes ya no convencían. Aquella convulsión social fue tan intensa que preocupó seriamente a la clase dirigente. El grito de "¡¡ La imaginación al poder !!" no se lo esperaban. Aquello resultó una tremenda sorpresa para unos políticos que se sentían totalmente cómodos, y creían que nada tenían que mejorar. Mayo del 68 les descubrió la realidad: el método debía ser cambiado...

La sumisión había desparecido, dejando paso a la inteligencia y el pensamiento individual.

El comienzo del siglo XXI ya muestra un panorama en ése Occidente, que resulta imposible compararlo con el conocido en Mayo de 1968. La solidaridad, la unidad familiar, el honor, el patriotismo, de repente han dejado de existir. La conducta sexual responsable y las creencias religiosas ya forman parte de lo malo, de lo desechable.



En el siglo XXI existen campos de exterminio, pero no de vidas (como estado biológico), sino de ideales, creencias, valores, y todo aquello que sea individual y humano.
Las sesiones a las que dócilmente se someten los jóvenes, anulan cualquier sentido individual e intelectual y le convierten en un incapacitado social.





El método del siglo XXI comienza a actuar sobre el individuo desde la infancia, mediante el alejamiento de la familia, el contenido educacional y visual. Pero es una vez finalizada la infancia cuando comienza la educación grupal: la creencia de que la familia es egoísta y el grupo es generoso. Tal creencia es imprescindible para que cuando la ya debilitada estabilidad del individuo se quiebre, y comprenda que el grupo no tiene el menor interés en ayudarle y convencido de que la familia constituye más un enemigo que un amigo, acepte la confortable comodidad que le ofrece el Sistema. Ya no tiene que preocuparse por ninguno de sus problemas, pues el Sistema le insta a no preocuparse.